#23 -  Dos septiembres: dos formas de volver a empezar

#23 - Dos septiembres: dos formas de volver a empezar

Dos septiembres: dos formas de volver a empezar

Hay mañanas en las que tengo que recalentar mi café tres veces antes de dar el primer sorbo.

Septiembre tiene esa cruel manera de tratarme a veces.

Con cuatro hijos en edad escolar, siempre hay algo: una mochila que no aparece, un desayuno a medias, un formulario del colegio que nadie ha firmado…

Y aunque estoy deseando recuperar algún tipo de rutina, tengo que admitir que también me estresa un poco.

Mis hijos no son los únicos que sienten la vuelta al colegio.

Está el tráfico. Las prisas. Esa sensación de que, de repente, todo el mundo empieza a moverse al mismo tiempo.

Y luego está uno de mis grandes temores de septiembre: la interminable avalancha de grupos de WhatsApp.

Los grupos a los que me piden que me una, los que había olvidado que existían y, de alguna manera, ese nuevo subgrupo que parecía completamente innecesario hasta que alguien decide que resulta ser indispensable.

El largo verano sevillano empieza a llegar a su fin.

El calor continúa ahí, aunque comienza a pesar un poco menos. Agosto se va apagando y la ciudad empieza lentamente a cambiar de ritmo.

Todo el mundo parece prepararse para empezar de nuevo.

Un café que espera

En medio de todo ese caos, mi café simplemente me espera.

Lo caliento.

Me distraigo.

Lo vuelvo a calentar.

No me crucifiquéis por ello. Ya sé que un buen café no debería recalentarse tres veces, pero algunas mañanas la vida tiene otros planes.

Finalmente, incluso en la mañana más caótica, consigo sentarme.

Doy ese primer sorbo.

Y ese es el momento que realmente estaba esperando.

Unos minutos de calma. De no hacer nada más. De saborear algo bueno antes de comenzar el día.

Quizá eso es lo que necesito recordar cada vez que vuelve septiembre.

Podemos movernos.

Podemos correr.

Podemos llevar a todo el mundo adonde tiene que estar.

Pero también necesitamos momentos que no nos pidan ir a ninguna parte.

Este es un tipo de septiembre.

Pero en Etiopía, septiembre significa algo diferente.

Cuando septiembre significa Año Nuevo

Mientras en España septiembre suele significar regreso, colegio, trabajo y vuelta a la rutina, en Etiopía también significa un nuevo comienzo en el sentido más literal posible.

Etiopía utiliza su propio calendario.

El calendario etíope tiene 13 meses: doce meses de 30 días y un pequeño decimotercer mes, llamado Pagumen, de cinco o seis días.

Y su Año Nuevo, conocido como Enkutatash, se celebra normalmente el 11 de septiembre.

Este septiembre de 2026, mientras nosotros avanzamos hacia los últimos meses del año, Etiopía dará la bienvenida al año 2019 de su calendario.

Sí.

Piénsalo por un momento.

Cuando septiembre empiece a parecerte demasiado intenso, siempre puedes recordar que, en algún lugar del mundo, tienes unos cuantos años menos.

Quizá todos necesitaríamos de vez en cuando un calendario así.

Enkutatash: comenzar otra vez

Enkutatash llega cuando la larga temporada de lluvias empieza a terminar y el paisaje etíope comienza a transformarse.

Aparecen flores.

Los campos vuelven a llenarse de color.

Los niños se visten con ropa nueva, cantan y visitan las casas del vecindario.

Las familias se reúnen.

Se comparte comida.

Y, naturalmente, también se comparte café.

Hay algo muy hermoso en celebrar el comienzo de un nuevo año precisamente cuando el paisaje empieza a renovarse.

Para mí, quizá eso sea una de las cosas más difíciles de explicar de Etiopía.

Tiene su propio ritmo.

Su propio calendario.

Sus propias estaciones.

Sus propios olores.

Sus propias maneras de marcar el paso del tiempo.

No es simplemente una forma diferente de celebrar el Año Nuevo.

Es una forma diferente de recorrer el año.

Dos septiembres

Y ahí están mis dos septiembres.

Uno ocurre aquí, en Sevilla.

Tiene mochilas, despertadores, tráfico, horarios y demasiados mensajes de WhatsApp.

El otro está ligado a Etiopía.

Tiene lluvia que termina, flores que aparecen, familias que se visitan y un nuevo año que comienza.

Aparentemente son dos septiembres muy diferentes.

Pero quizá no lo sean tanto.

Los dos hablan de volver a empezar.

De dejar algo atrás.

De intentar encontrar de nuevo nuestro ritmo.

Y quizá por eso vuelvo también al café.

Porque en medio de todo ese movimiento, una taza de café puede convertirse en algo muy sencillo: una razón para detenerse.

Para sentarse un poco más.

Para saborear algo bueno.

Para dejar que una conversación continúe cuando nadie está completamente preparado para que termine.

En Etiopía, el café lleva generaciones cumpliendo precisamente esa función.

No solamente como bebida, sino como momento compartido.

Como pausa.

Como hospitalidad.

Como tiempo dedicado a los demás.

Tal vez septiembre no tenga que ser solamente el mes en el que volvemos a correr.

También puede ser el momento en el que decidimos cómo queremos empezar otra vez.

Dos septiembres.

Dos ritmos.

Y, en algún lugar de ambos, una taza de café esperando a que nos sentemos.

¿Qué significa septiembre para ti?

Abezash

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