#28 - ¿Es el café de Etiopía ecológico?
Compartir
El cultivo tradicional y el coste de la certificación.
A menudo nos preguntan si el café de Etiopía es ecológico.
Es una pregunta lógica, pero la respuesta no es tan sencilla.
Para entenderlo, primero hay que imaginar dónde crece el café en Etiopía.
Un café que forma parte de la vida cotidiana
En muchas zonas del país, el café no se cultiva en grandes plantaciones alejadas de la vida cotidiana. Lo encontrarás alrededor de las casas, en los patios y jardines de las familias, bajo la sombra de los árboles y junto a los cultivos con los que se alimentan.
No siempre son esas hileras perfectamente ordenadas de cafetos que solemos imaginar. El café forma parte del paisaje en el que vive la gente. Forma parte de su día a día.
Las familias cuidan sus cafetos como lo hicieron las generaciones anteriores. Las hojas caídas enriquecen la tierra, los árboles proporcionan sombra natural y distintas plantas crecen unas junto a otras.
En muchos de estos sistemas tradicionales, los agricultores utilizan pocos insumos externos y algunos cultivan su café sin fertilizantes ni pesticidas sintéticos.
No necesariamente porque intenten cumplir unas normas internacionales de agricultura ecológica, sino porque es la forma en que han aprendido a trabajar la tierra.
Por supuesto, Etiopía es un país enorme y no todo su café se cultiva de la misma manera. Existen diferentes sistemas de producción, desde el café de bosque hasta explotaciones agrícolas más intensivas.
Pero en una parte importante de su producción, el café continúa profundamente vinculado a las pequeñas familias agricultoras.
Y aquí viene la contradicción
Un agricultor puede llevar toda su vida cultivando café sin productos químicos sintéticos y, aun así, no poder venderlo como ecológico en Europa.
¿Por qué?
Porque no basta con cultivarlo de determinada manera. Hay que poder demostrar que cumple los requisitos establecidos para la producción ecológica.
Y esa demostración tiene un coste.
Inspecciones, documentación, controles, requisitos administrativos y certificaciones. También deben verificarse determinadas condiciones durante el procesamiento, el almacenamiento y la comercialización del producto.
Son gastos y obligaciones que no siempre están al alcance de los pequeños productores.
Una cosa es cómo se cultiva el café y otra muy distinta lo que un agricultor puede permitirse pagar para demostrarlo.
¿Significa eso que el certificado ecológico no sirve para nada?
En absoluto.
La certificación tiene una razón de ser. Sirve para verificar las prácticas agrícolas, establecer controles y ofrecer garantías al consumidor.
Y debemos dejar algo claro: cultivar de manera tradicional no significa necesariamente cumplir todos los requisitos de la agricultura ecológica.
No todos los agricultores trabajan igual. Tampoco podemos asegurar que un café esté libre de determinados productos simplemente porque proceda de una pequeña finca o de una región de Etiopía.
Pero eso no elimina la contradicción.
Puede haber agricultores cuyas prácticas sean compatibles con buena parte de los principios de la agricultura ecológica y que, sin embargo, no dispongan de los recursos o la organización necesarios para acceder a una certificación reconocida internacionalmente.
Y esa diferencia importa.
Porque cuando hablamos de sostenibilidad, también deberíamos preguntarnos quién puede permitirse demostrarla.
¿Qué significa esto para Black Jebena?
En Black Jebena trabajamos exclusivamente con café de Etiopía.
Conocemos el valor de sus tradiciones agrícolas y la importancia que tiene el café para tantas familias. Pero también sabemos que una historia bonita sobre el origen no sustituye una certificación.
Por eso preferimos ser transparentes.
No presentamos un café como ecológico certificado si no podemos acreditar que cumple las exigencias correspondientes.
Podemos hablar de su procedencia, de los sistemas de cultivo de su región, de sus procesos y de las características que conocemos de cada lote, sin atribuirle una certificación que no podemos demostrar.
Creemos que el consumidor merece conocer ambas realidades: la riqueza del cultivo tradicional etíope y lo que significa realmente disponer de un sello ecológico.
Porque no tener ese sello no demuestra, por sí solo, que un café se haya cultivado utilizando fertilizantes o pesticidas sintéticos.
De la misma manera, una tradición agrícola centenaria no basta para garantizar que un producto cumple todas las normas ecológicas actuales.
Una última reflexión
En Etiopía, algunas familias llevan generaciones cultivando café de formas que hoy asociamos con una agricultura respetuosa con su entorno.
Mucho antes de que existieran las certificaciones internacionales.
Y eso nos lleva a una pregunta que creemos que merece la pena hacerse:
¿De verdad tienen que pagar para demostrar algo que, en algunos casos, llevan haciendo toda la vida?
La cuestión no es si necesitamos controles. Claro que los necesitamos.
La cuestión es cómo conseguir que esos controles sean accesibles también para quienes cultivan nuestro café a pequeña escala.
Porque la sostenibilidad no debería depender únicamente de quién puede permitirse pagar para certificarla.
Abezash
Black Jebena — Honor the Birthplace of Coffee